martes, 13 de junio de 2017

No te quiero para mí, te quiero conmigo

No te quiero para mí, te quiero conmigo....

Nos hicieron creer que “el gran amor” solo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Nos hicieron pensar que una formula llamada “dos en uno”: dos personas pensando igual, actuando igual, era lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre “anulación” y que solo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el matrimonio es obligatorio y que los deseos fuera de término deben ser reprimidos.



Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que solo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad.
No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, que frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas.

Nadie nos va a decir esto, cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y ahí, cuando estés muy enamorado de ti, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.
Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor….aunque la violencia se practica a plena luz del día.”
John Lennon

No quiero que me pertenezcas, ni que la única realidad que exista sea la nuestra. Quiero que los dos seamos dos naranjas enteras queriendo rodar juntas. Al fin y al cabo, las medias naranjas dan solo un poco de zumo y no pueden caminar solas.
Quiero preferirte, pero no necesitarte… Porque si te necesitara estaría sometiéndote a mis carencias y responsabilizándote de mi felicidad… Y eso no es justo para nadie, porque solo a mí me pertenecen mis conflictos.
La mejor relación que podemos tener es la de no pertenecernos, la de ser y existir como seres independientes que se aman. Me encantaría encontrarnos en un punto emocional que vaya más allá de la necesidad de que alguien o algo nos complete.
Convertirnos en seres completos
Cuando me convierto en un ser completo, que no necesita de otro para sobrevivir, seguramente voy a encontrar a alguien completo con quien compartir lo que tengo y lo que él tiene. Ese es, de hecho, el sentido de la pareja. No la salvación, sino el encuentro. O, mejor dicho, los encuentros. Yo contigo. Tú conmigo. Yo conmigo. Tú contigo. Nosotros, con el mundo.
Jorge Bucay

Querer ser dos cuando nacimos de uno en uno nos esclaviza. Yo puedo vivir sin ti y tú puedes vivir sin mí, pero no queremos hacerlo.
Me gustaría que nuestra relación fuese así de sana, que nos envolviese la ternura y nos descubriese la confianza. No quiero que ninguno de los dos nos arranquemos de nosotros mismos, no quiero que renunciemos a ser quienes somos.
Quiero que nos sepamos querer, que no anhelemos que nuestra relación supla nuestras carencias y que nos demos cuenta de que el verdadero amor es aquel que se respeta y no se idealiza.
Eso nos salvará a ti y a mí, y a nuestro AMOR. Así, con mayúsculas y con toda su trascendencia. Resolverá nuestros problemas y aprenderemos a convivir con nuestras diferencias. Porque si dejo de ser yo no podré amarte, ni crecer ni sonreír ni respirar por ti. Y poder amar de manera saludable es la mayor dicha del mundo.
Por eso, cariño, no seamos el uno para el otro. Quiéreme como soy, sin máscaras ni arreglos, mejoremos juntos cada día, crezcamos contemplándonos con placer y procuremos satisfacer nuestras ansias de felicidad. Eso es lo que hará que nuestro amor sea para toda la vida.

miércoles, 5 de abril de 2017

Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite

Quédate con quien conozca tu peor versión y se quede a tu lado

Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesite…
Cuando te fallo, también me fallo a mí. Cuando te enfado, también yo me siento mal conmigo. Porque cuando menos lo merezca será probablemente cuando más desorden haya en mi interior.
Algo dentro de mí no está bien cuando cometo un error o cuando huyo de mis problemas.
Probablemente esté abandonando una parte de mí, dejándola a la deriva en alta mar con plena tormenta.
Es casi seguro que tengas motivos para no quererme y para desatenderme, pero quiero que sepas que solo una parte de mí te hizo daño. No conozco la perfección. A mí también me duele tu dolor y, al menos, daría lo que fuese para hacerlo desaparecer. Tengo la peor forma de meter la pata y una gran capacidad para desmerecer lo que haces por mí.
Quiéreme cuando menos lo merezca, dale una oportunidad a la persona que soy. Déjame aprender de los errores. Ayúdame a librar mis batallas emocionales, ayúdame a ver que eso me completa.

Pedir ayuda es un acto de valentía
Me ha llevado tiempo entender que reconocer mis limitaciones y mis errores es la única manera de hacerme cargo de mí misma. Ahora soy consciente de que no poseo todas las respuestas y de que no dispongo de la verdad absoluta. A veces también necesitamos de los demás para gestionar nuestro interior y nuestras emociones.
Por eso, pedir ayuda cuando se necesita no es solo una muestra de humildad, sino también de valentía, pues cooperando alcanzaremos el triunfo sobre la adversidad.
Cuando estamos mal necesitamos el apoyo de los demás, que nos aguanten y nos guíen, y que nos hagan sentir la permanencia de la incondicionalidad. Siempre sale el sol, pues somos merecedores de él aunque en un momento dado nos hayamos comportado de manera mezquina.
Aunque nuestro mundo se derrumbe y nuestra vida haya quedado desmantelada, después de la tempestad, llega la calma. Todo pasa y todo se transforma, pero a veces necesitamos que alguien se ponga en nuestro lugar y nos recuerde que no hay mal que cien años dure y que todo es pasajero.
Nuestra mejor versión
Quédate con quien conozca tu peor versión y, en vez de irse, se quede y te ayude a mejorar
Ofrecer la mejor versión de nuestra persona es un paso indispensable para ser merecedores de amor, de gratitud y de confianza. Así, la incondicionalidad y el respeto se fundamentan en la sinceridad que acompaña a los malos y a los buenos momentos. O sea, es algo así como ser nosotros mismos en las duras y en las maduras.
Hay errores que tiñen de negro nuestra realidad, pero no por eso merecemos menos el perdón que en otras circunstancias o que otras personas. Lo importante es progresar y ofrecer a los demás nuestra mejor versión, la humilde y la sincera, la que trabajar para crecer cada día.
Esto será lo que nos haga merecedores de la compañía de los demás en cualquier momento, a pesar de los errores y los desaciertos. Porque nuestros peores comportamientos hacen que valoremos a los mejores, de la misma forma que la tristeza hace que la felicidad gane valor.
Digamos que nuestros deslices y nuestras culpas son dos puntos emocionales que nos ofrecen oportunidades, los cuales debemos entender para perdonarnos a nosotros mismos.
En definitiva, la mejor versión de uno mismo es aquella que se puede apreciar en las situaciones complicadas, aquella que entiende la importancia de lo ocurrido, que ve que el castigo no siempre es la solución y que entiende el enfado como una consecuencia lógica y no como abandono.
Por eso, ser capaces de consolarnos, de aceptarnos y de comprendernos contribuirá a crear un mundo mucho más valiente, más fiel y más solidario.

www.formarse.com.ar

miércoles, 25 de enero de 2017


TINARIWEN 

Tinariwen (+IO:I) - Ténéré Tàqqàl (what has become of the Ténéré)


TINARIWEN - ISLEGH TAGHRAM TIFHAMAM


Tinariwen #Abdallah 2016 -HD



Tinariwen - Live at Womad